viernes, 9 de septiembre de 2011

¿Estás preparado para sorprenderte de tanta felicidad?

Yo era de las que creía que estar triste era bueno, considerando que era un indicio de estar vivo, y que así la tristeza se convertía en eso que nos hacía despertar en medio de la adversidad, creía ciegamente que el daño que me hacía (digo me hacía, pues aceptaba y soportaba lo que me hacían los demás) era proporcional a una buena experiencia.

Lloré tanto, sufrí tanto y aunque ya ese dolor que sentí nunca ha vuelto a pasar por aquí, reconozco que estaba equivocada, lamento también haber tomado esto como consejo de vida y traspasarlo a quien se habría sentido tan miserable como yo, en determinado momento.

Y lo lamento pues, hoy descubro o entiendo, que el dolor no es indicio de nada, que es dolor y nada más, porque tenemos la opción de decir ¡BASTA!. 

Porque si hoy en día mi vida no está rodeada de este sentimiento, es porque abrí los ojos a la alegría, a sonreír, a respirar tranquilidad, porque puedo decir: no quiero sufrir aunque seas tú lo más especial que me rodea.

Pues ¡sí señores! el dolor del que hablo es de "amor" o el de pareja, porque eso es lo que yo sé y en lo que tengo algo de experiencia. Y nadie tiene el derecho de hacerte sentir miserable en nombre del amor, la culpa es del otro nunca de ti, no te sientas mal, el amor no es para que duela ni dañe.

De verdad que muchas veces me equivoqué soportando el dolor en nombre se sentirme viva, que excusa tan absurda.

Y hoy quiero decir que ya no soy esa, porque el camino que escogí para vivir no está lleno de lágrimas, no tiene ni un poquito de gris, está lleno de sonrisas, a la vista y escondidas, esperando a sorprenderme y es el camino perfecto porque en tú vida quiero ser eso y sé que lo soy, sé que he intentado con éxito hacerte sonreír, hacerte olvidar el dolor para que entiendas que por muy negro que esté tu mundo, puedas ver ese rayito de luz que siempre te conducirá a donde mereces estar que es un camino igual al mío.

Gracias por darme la confianza de tu verdad para poder llegar a conclusiones con tus experiencias y las mías, me has abierto un mundo de soluciones ante el dolor, por eso se me hace difícil quedarme donde no me quieren o donde no quiero estar y con la misma propiedad tengo la voluntad de extenderte mi mano y hacerte entender que ese no es el camino que quieres para ti, pues con tu verdad descubro que sólo necesitas un empujón para salir del hueco donde caíste.

Ahora te pregunto, ¿estás preparado para sorprenderte de tanta felicidad?